Mushoku Tensei Capítulo 002

Mushoku Tensei Capítulo 002

La Sirvienta Inexpresiva

Traducido por Sergio Campos a partir de la versión inglesa alojada en Baka-Tsuki.

1ª Parte (POV – Lilia)

Lilia en su día estuvo trabajando como doncella de la guardia en el palacio de una concubina del reino de Asura.

Una Doncella de la Guardia es una sirvienta que además se encarga de la protección en el castillo. Y es que por lo general, las doncellas de la guardia actuaban como simples sirvientas, pero cuando era necesario, portaban sus armas para proteger a su señor.

Lilia realizaba fielmente su labor. Su trabajo como sirvienta nunca recibió queja; como guerrera, sin embargo, era sencillamente mediocre.

Este fue uno de los motivos que la llevaron a recibir una herida en la pierna por un asesino que atentó contra la recién nacida princesa; en un descuido, la espada corta del oponente consiguió herirla.

La hoja de esa espada estaba recubierta de un veneno diseñado específicamente para acabar con la vida de la realeza, para el que no existía antídoto ni curación mágica que pudiera tratar su virulencia.

La herida fue tratada con urgencia, y Lilia sobrevivió gracias al esfuerzo de los médicos que probaron varios métodos para curarla; y aunque su vida ya no corría peligro, el veneno le dejó secuelas.

Estas secuelas no le causaban ningún problema en su día a día, pero jamás podría correr o saltar con su antigua fuerza, por lo que la despidieron sin dilación.

No era nada fuera de lo habitual, y eso fue algo que Lilia comprendió. Daba por sentado que si no era capaz de ejercer su cometido, perdería su trabajo.

Aún tras no recibir ninguna compensación monetaria, se consideraba afortunada por no haber sido silenciada en secreto por el simple hecho de haber trabajado en el palacio de la concubina.

Y por miedo a que lo hicieran ahora, Lilia decidió marcharse de la capital; porque además, nunca supieron quién fue la persona tras el intento de asesinato. Por lo que, habiendo entendido cómo hacían las cosas en el palacio, llegó a la conclusión de que existía la posibilidad de ser el próximo objetivo.

Aunque quizás los mandatarios la hicieron marcharse con el propósito de exponer al culpable.

Y es que siempre se había preguntado porqué alguien sin fama, renombre, ni familia, había sido aceptada en el palacio de la concubina. Y ahora por fin tuvo respuesta: tan sólo querían contratar a una sirvienta capaz, que fuera fácil de descartar sin llamar la atención.

Por su propia seguridad y sin importar cómo, tenía que alejarse lo más rápido posible de la capital. Porque aunque el mismísimo rey la estuviera usando como cebo, no tenía razón para quedarse, viendo cómo no le habían dado ni órdenes; y en absoluto sentía la lealtad necesaria como para completar su cometido a riesgo de su vida.

Tras varios transbordos, llegó a Fedora, una provincia principalmente agrícola en la frontera más alejada de la capital del reino.

La provincia de Fedora, sin contar Roa, su capital fortificada, poseía únicamente extensos campos de trigo. En resumen, un lugar tranquilo.

La intención de Lilia era encontrar trabajo en esta región, pero su herida le impedía conseguir un trabajo que requiriera fuerza física.

Tenía la opción de enseñar a usar la espada, pero prefería trabajar como sirvienta. El sueldo es mayor después de todo.

Fedora es una región en la que hay un número relativamente alto de espadachines, sobretodo comparados con el número de sirvientes entrenados exhaustivamente para encargarse de las tareas del hogar, y el salario será mayor siempre que haya menos alternativas.

Aunque sería peligroso trabajar para el gobernador de Fedora o cualquier noble con un estatus similar, la lógica detrás de esa idea era que la gente de ese estrato social, sin lugar a dudas, tendría trato con el rey.

Si descubrieran que trabajó anteriormente en el palacio de la concubina, cabría la posibilidad de que decidieran utilizarla como una herramienta para las intrigas de palacio.

Y esto llevó a Lilia a mantenerse lejos de Roa, para evitar verse nuevamente al borde de la muerte, porque aunque la recién nacida princesa no tuviera la culpa de su intento de asesinato, Lilia deseaba mantenerse tan alejada como le fuera posible de la realeza.

Por otro lado, si el salario era demasiado bajo, no podría mandarle dinero a su familia… Buscar un trabajo seguro y con un salario estable y pudiente no es tarea fácil.

2ª Parte

Tras deambular por la provincia durante un mes, Lilia encontró un anuncio para una aldea de Fedora llamada Bonna. El anuncio era de un caballero de baja nobleza que quería contratar una sirvienta. Encima, el anuncio decía que tendría prioridad una persona con experiencia en el cuidado de niños o como matrona.

Bonna era una aldea pequeña en el borde de Fedora, algo más pequeña que un pueblo. En definitiva, un emplazamiento súper rural.

Era exactamente lo que buscaba: por muy incómodo que fuera vivir en un lugar tan apartado, que el contratante sea un caballero de clase baja también representaba un inesperado golpe de suerte.

Pero lo más importante es que reconocía el nombre de su potencial patrón.

Paul Greyrat.

Un kohai de Lilia, hijo de un noble que de improviso irrumpió en el dojo en el que aprendió a usar una espada.

Según le contó, se había ido de casa tras discutir con su padre y había venido al dojo a aprender el arte de la espada. Debido a que ya había estado entrenando en su casa el uso de la espada, aunque un estilo diferente, no tardó en superar a Lilia.

Para ella, esto no fue extraño, ya que hacía tiempo que había comprendido que no tenía talento y se había dado por vencida.

Paul, una persona desbordante de talento, se fue del dojo tras cometer un desacierto. A Lilia sólo le dejó una frase escrita en una nota diciendo Voy a ser aventurero. Una tempestad con cuerpo de hombre.

Esa despedida ha durado ya 7 años.

Lilia se sorprendió de que hubiera sido capaz de armarse como caballero y casarse. Paul no era un mal chico, en la mente de la sirvienta, pero ésta era incapaz de imaginar los altibajos que ha debido de soportar para llegar a esa posición.

Si le contara lo que ha sucedido, estaba segura de que le ayudaría. Y si eso no funcionara, sacaría sus trapos sucios… Tenía un par de bazas para negociar.

Tras confirmar su decisión se dirigió hacia Bonna.

Paul le dio el puesto a Lilia sin dudarlo un instante; parece ser que Zenith, su mujer, estaba a punto de dar a luz y estaba inquieto.

Lilia era una persona con entrenamiento como matrona recibido para el nacimiento de la princesa; no sólo eso, era alguien que conocía y del que sabía hasta su lugar de nacimiento, por lo que la recibieron con los brazos abiertos.

Y ya que su salario era más de lo que esperaba, el trabajo poseía todo lo que deseaba en este momento.

3ª Parte

El niño nació.

Con el entrenamiento que recibió en el palacio, el parto no tuvo problemas ni sorpresas, ni el más mínimo contratiempo; un éxito total.

Salvo porque el niño no lloró al nacer.

Lilia pudo notar el sudor frío recorrer su espalda en ese momento. El pequeño dejó escapar el líquido amniótico inmediatamente al nacer; pero, tras eso, simplemente levantó la cabeza sin mostrar ninguna emoción y totalmente en silencio.

La inexpresiva facción se acercaba a la de un mortinato.

Lilia decidió palpar al niño y pudo sentir el palpitar del corazón y su respiración; pero éste seguía sin llorar.

La sirvienta recordó las palabras de su mentora en el palacio :Los bebés que no lloran al nacer, por lo general, sufren complicaciones.

Pero en el preciso instante que reflexionaba sobre estas palabras.

·
“Ah, ah.”
·

El bebé la observó todavía desorientado y balbuceó algo, tras lo que Lilia consiguió relejarse. Aunque no tuviera ninguna prueba, sintió la corazonada de que no habría problema alguno.

Se decidió que el niño se llamaría Ludeus.

Un niño que te hacía sentir intranquilo, que nunca lloraba o se agitaba. Y es que al principio, era muy fácil cuidar del niño, por lo que pensaron que el niño sería tranquilo y taciturno.

Pero eso fue sólo al principio. En el momento que Ludeus aprendió a gatear, comenzó a recorrer la casa de arriba a abajo.

De arriba a abajo. La cocina, la puerta trasera, el trastero, la despensa, la chimenea… etcétera. Llegó incluso a subir al segundo piso, aunque nadie se pudo imaginar como llegó allí.

En resumen, si le perdías de vista, inmediatamente desaparecía, aunque siempre se le podría encontrar en algún lugar de la casa.

Eso es porque Ludeus nunca salió de la casa, aunque ocasionalmente se le encontrara viendo a través de las ventanas. Parecía que le asustaba el exterior.

Lilia no sabría decir desde qué momento, pero sentía un miedo irracional al niño; seguramente empezara a pensar así de él uno de los días en los que desapareció y lo encontraron.

Porque la mayoría de las veces, encontraban a Ludeus sonriendo. A veces mientras observaba hortalizas, otras fijándose en el bailoteo de las llamas de las velas, o incluso mirando ropa interior sin lavar.

Ludeus solía murmurar cosas, y mostraba una sonrisa nauseabunda. Era un tipo de sonrisa que asqueaba con verla.

En los días que Lilia estuvo trabajando en el palacio de la concubina, hubo ocasiones en las que tuvo que acercarse al palacio principal; y los nobles de la más alta clase que encontraba en el lugar tenían sonrisas similares.

Mira que comparar la sonrisa de un casi recién nacido con la de un calvo y seboso gordo que miraba con lujuría el cuerpo de Lilia…

Pero lo que más la aterraba era llevar al niño en brazos. En esos casos, las fosas nasales de Ludeus se ensanchan, se le elevan las comisuras de sus labios en una mueca y su respiración se agita, acelerándose según hundía su cara en el pecho de Lilia, y tras eso, comenzaba a producir extraños sonidos como [Huuu] y [Orhhh], como risas ahogadas.

Cada vez que hacía esto, un fuerte escalofrío recorría el cuerpo de Lilia de pies a cabeza, y no podía evitar querer estampar con todas sus fuerzas al niño contra el suelo.

Encanto es algo que este niño no poseía, sino una sonrisa que inquietaba a todo el mundo.

Una sonrisa similar a la de nobles de alta cuna, gente sobre la que corrían rumores tales como compra de grandes cantidades de jóvenes esclavas. Una sonrisa proveniente de un niño casi recién nacido.

Lilia sentía un insufrible malestar hasta el punto de considerarlo en ocasiones peligroso, lo que la hizo reflexionar detenidamente sobre los hechos.

Este bebé se comporta de manera extraña, ¿podría haber algún ente maligno que lo haya poseído? O algo parecido, como, por ejemplo, que esté maldito.

Pensando esto, salió nerviosa de la casa, se dirigió a la tienda del pueblo y con su dinero de bolsillo compró algunos materiales; esperó a que los Greyrat se durmieran, y realizó un ritual de su tierra natal para expulsar el mal. Evitando que los padres se enteraran.

Al día siguiente, tras llevar a Ludeus nuevamente, Lilia comprobó que había sido inútil, porque el niño le hacía sentir el mismo malestar de siempre. Y es que lo único que cualquiera podría sentir al ver un niño con esta expresión es malestar.

Zenith le comentó un día que cuando le daba el pecho a veces lo lamía… Esto es serio… Y aunque el gusto de Paul por el sexo opuesto no conociera límites, no resultaba tan asqueroso.

Que esa actitud de Ludeus fuera hereditaria no terminaba de convencerla y pensándolo, recordó una historia que oyó en el palacio.

Tiempo atrás, el príncipe del reino de Asura fue poseído por un demonio que buscaba ser revivido; y todas las noches se revolcaba por el suelo como si sufriera espasmos.

Y cuando una sirvienta, a la que no le explicaron nada, lo abrazó para calmarlo, el príncipe sacó un cuchillo que guardaba a su espalda y la apuñaló en el corazón, matándola en el acto.

Esto asustó a Lilia todavía más.

¿Podría estar pasándole a Ludeus algo parecido?

Recordando lo que el niño le hacía sentir, Lilia comprendió que no cabía duda.

Todavía no hay peligro, porque es un bebé, pero un día se despertara en medio de la noche, mientras todos duermen, y uno por uno….

Ahh….. Acepté el trabajo sin pensármelo lo suficiente, no hay otra explicación, no debería de haber aceptado el empleo.

Tarde o temprano acabará conmigo.

…….Lilia era del tipo de persona con estas creencias.

4ª Parte

El niño ya había cumplido su primer año, y Lilia todavía le temía.

Aunque no sabría decir cuando empezó, los movimientos impredecibles de Ludeus comenzaron a variar: dejó de desaparecer misteriosamente y, por lo general, se quedaba en el cuarto de estudio de Paul en el piso de arriba.

Lo llamaban estudio, pero realmente era un cuarto normal con unos cuantos libros.

Ludeus se quedaba en ese cuarto todo el día. En secreto, Lilia lo observaba y le encontraba murmurando algo mientras observaba el libro.

Un murmullo sin sentido, o al menos debería de haberlo sido. No parecía ningún lenguaje usado en estas tierras. Todavía era demasiado joven para que supiera hablar, por no decir que todavía no le habían enseñado el alfabeto.

Por lo que era simplemente un bebé observando un libro y haciendo sonidos. Pensar de otra forma hubiera sido lo extraño.

Pero Lilia siempre tuvo la corazonada de que esos sonidos poseían significado y estructura. Daba la impresión de que Ludeus comprendía lo que estaba leyendo en el libro. Y eso lo hacía todavía más terrorífico….

Era la conclusión a la que llegaba Lilia cada vez que le observaba a escondidas por debajo de la puerta.

Pero lo extraño es que observándole leyendo no sentía ninguna malestar ni repulsa por el niño. Ahora que lo pensaba, desde que empezó a encerrarse en el estudio, el origen desconocido de esa repulsa fue desapareciendo gradualmente.

Aunque pusiera esa odiosa sonrisa cuando lo llevaba en brazos, ya no le resultaba tan desagradable. Al menos había dejado de hundir su cabeza entre sus pechos y jadear.

¿Qué es lo que le hizo temerle todo este tiempo?

Últimamente, la impresión que tiene del niño es que es sincero y aplicado, lo que la hace no querer interrumpirle cuando está en el estudio, y parece que Zenith opina lo mismo.

Tras este evento, Lilia llegó a la conclusión de que darle espacio al niño era lo mejor. Una idea completamente en contra del sentido común.

De hecho, es anormal no estar atento de un niño con tan pocos meses, pero en los últimos días ha podido observar señales de madurez en los ojos de Ludeus.

Meses atrás sólo parecían los ojos de un acosador sexual, mientras que ahora podía vislumbrarse una voluntad inquebrantable y un ansia de conocimiento en su mirada.

¿Qué debía de hacer? Aunque se le había enseñado como tratar con niños, Lilia, a quien le faltaba un poco más de experiencia, le costaba decidirse.

Recordó algo que no sabía si provenía de sus compañeras del palacio, de la concubina o de su madre.

No existe una única forma perfecta para educar a todos los niños.

Ahora al menos ya no sentía asco, molestia o miedo por el niño, por lo que decidió que lo mejor era no molestarle, al menos para evitar que pudiera volver a como se comportaba anteriormente.

Fin de Mushoku Tensei Capítulo 002

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